Cómo dejar de sufrir: la trampa del control y el valor de aceptar
Hay momentos en los que una misma pregunta vuelve una y otra vez: ¿cómo dejar de sufrir? A veces aparece después de una ruptura, una pérdida o una decepción. Otras veces, aparentemente todo va bien, pero la mente sigue anticipando problemas, repasando errores o exigiendo que las cosas sean diferentes.
Aprender a sufrir menos empieza por reconocer lo que sentimos, distinguir qué podemos cambiar y revisar las expectativas que añaden malestar. No significa dejar de sentir tristeza ni conseguir que nada nos afecte.
Esta es una de las ideas centrales de la conversación entre el psiquiatra Javier García Campayo y Álex Guerra en Wake Up Book Sessions, celebrada durante la Feria del Libro de Madrid alrededor del libro Adiós al sufrimiento inútil.
La entrevista completa, sin cortes, está disponible para los usuarios premium de Wake Up. En este artículo recorremos algunas de sus claves para comprender el sufrimiento y relacionarnos con él de otra manera.
¿Por qué sufrimos tanto? La diferencia entre dolor y sufrimiento
Campayo propone distinguir entre lo que nos sucede y la forma en que procesamos lo sucedido.
Una enfermedad, la muerte de alguien querido o el final de una relación pueden provocar dolor. A esa experiencia se pueden sumar pensamientos que la hacen todavía más difícil: reprocharnos lo que sentimos, imaginar un futuro insoportable o repetir que aquello nunca debería haber ocurrido.
En la entrevista se habla de sufrimiento primario y secundario para explicar esta diferencia. El primero se relaciona con lo que acontece; el segundo, con el malestar que puede añadir nuestra manera de interpretarlo.
Esta distinción no significa que el sufrimiento sea inventado. Campayo insiste en que lo que una persona experimenta es real para ella. Tampoco significa que todo dependa de la actitud: las circunstancias, los vínculos y las condiciones de vida importan.
La pregunta útil es más concreta: además del dolor que estoy viviendo, ¿hay alguna lucha interna que esté aumentando mi malestar?
La trampa del control: esforzarte no garantiza el resultado
Intentamos controlar lo que nos preocupa porque buscamos seguridad. Planificamos, analizamos y tratamos de anticipar lo que puede salir mal.
El problema aparece cuando esperamos que ese esfuerzo elimine toda incertidumbre.
Podemos preparar una conversación, pero no decidir cómo responderá la otra persona. Podemos cuidar una relación, pero no garantizar su continuidad. Podemos trabajar por un objetivo sin tener asegurado que se cumpla.
Campayo sitúa aquí uno de los puntos difíciles de la aceptación: nuestras acciones influyen en los resultados, pero no los determinan por completo.
Si solo nos permitimos parar cuando conseguimos exactamente lo que queremos, podemos entrar en una cadena de intentos sin final. Cada contratiempo parece exigir más esfuerzo, más análisis y más vigilancia.
Reconocer los límites del control permite plantear otra pregunta: ¿qué acción sigue teniendo sentido y qué estoy repitiendo porque me cuesta aceptar que no puedo garantizar el desenlace?
Cómo aceptar lo que no puedes cambiar sin resignarte
Durante la conversación, el ruido de una botella se convierte en un ejemplo cotidiano. Álex se pregunta si debería aceptarlo o intentar resolverlo.
La respuesta de Campayo une ambas posibilidades: actuar cuando hay margen de cambio y aceptar cuando insistir ya no está ayudando.
Aceptar una situación consiste en reconocer que está ocurriendo. No exige aprobarla, disfrutarla ni renunciar a protegerte. Puedes aceptar que una relación tiene un problema y, precisamente por eso, hablar, poner límites o pedir ayuda.
La resignación cierra posibilidades. La aceptación permite partir de la situación real para decidir qué hacer.
Aplicado a la vida diaria, este enfoque invita a distinguir tres cuestiones:
Qué está sucediendo ahora.
Qué acciones están a nuestro alcance.
Qué parte del resultado depende de factores que no controlamos.
Campayo desarrolla también esta distinción en su charla sobre la aceptación en Wake Up Talks, disponible como contenido premium. Es una forma de profundizar en una pregunta central: cómo reconocer nuestros límites sin renunciar a actuar.
Tener planes sin convertirlos en condiciones para ser feliz
La entrevista distingue entre hacer un plan y quedar atrapado en una expectativa rígida.
Un plan orienta nuestras acciones: organizar un viaje, buscar trabajo o construir una relación. La rigidez aparece cuando sentimos que solo podremos estar bien si ese plan sale de una forma determinada.
Entonces, cualquier cambio se convierte en algo más que una dificultad: parece una amenaza a nuestra posibilidad de ser felices.
Campayo lo explica con el ejemplo de unas vacaciones. Podemos desear un destino y trabajar para ir. Pero si el viaje cambia, ¿podemos encontrar otra opción o sentimos que hemos perdido toda posibilidad de disfrutar?
La propuesta permite conservar proyectos y deseos, dejando espacio para adaptarnos. También se aplica a las relaciones: expresar lo que necesitamos y escuchar al otro puede resultar más útil que esperar que actúe siempre como habíamos imaginado.
Cómo dejar de pensar demasiado en lo que te hace sufrir
Recordar el pasado y anticipar el futuro forman parte de nuestra vida mental. El desgaste aparece cuando volvemos a la misma preocupación sin obtener una decisión, una comprensión nueva o una acción posible.
En la entrevista, Campayo relaciona este proceso con el entrenamiento de la atención. Darnos cuenta de dónde está la mente abre la posibilidad de volver a lo que está ocurriendo.
No se trata de exigirnos una mente vacía. Esa exigencia puede convertirse en otra fuente de frustración.
Una forma de trasladar esta reflexión a lo cotidiano es preguntarnos: ¿estoy resolviendo algo o estoy recorriendo otra vez el mismo pensamiento? Si hay una acción pendiente, podemos concretarla. Si no la hay, podemos intentar recuperar el contacto con la actividad, la persona o el entorno que tenemos delante.
Para explorar esa práctica, puedes seguir la meditación para principiantes con Álex Guerra. La sesión aborda cómo observar los pensamientos y regresar a la atención sin castigarnos por las distracciones.
La atención al presente no borra los problemas. Puede ayudarnos a que no ocupen todos los momentos del día.
Autoexigencia y culpa: cuando también sufres por estar sufriendo
Entre las fuentes de malestar que aparecen en la conversación están el perfeccionismo, la culpa y la necesidad de mantener una determinada imagen ante los demás.
A veces no solo sentimos tristeza o miedo. Además, nos decimos que ya deberíamos haberlo superado, que otras personas lo llevan mejor o que no tenemos derecho a encontrarnos así.
Esa segunda exigencia añade peso a lo que ya estamos viviendo.
Campayo señala el valor de la autocompasión: aprender a relacionarnos con nuestras dificultades con menos hostilidad. Reconocer un error y repararlo es distinto de convertirlo en una condena permanente sobre quiénes somos.
Si reconoces esa presión en tu día a día, puedes ampliar esta reflexión con «Te exiges demasiado», de Rafael Santandreu, otro contenido de Wake Up dedicado a la autoexigencia.
También podemos reconocer que necesitamos apoyo sin interpretarlo como un fracaso personal.
Cómo dejar de sufrir por alguien: dar espacio a la pérdida
Una ruptura o la muerte de una persona querida pueden despertar tristeza, enfado, culpa y una profunda sensación de vacío. Buscar alivio es comprensible, pero exigirnos dejar de sentir inmediatamente puede añadir presión.
En la entrevista, Álex plantea una situación reconocible: acabas de perder una relación y alguien te pide que seas agradecido o que veas el lado positivo.
Campayo explica que el agradecimiento y el duelo pueden coexistir. Podemos valorar lo compartido y sentir dolor porque ha terminado.
Esa convivencia es distinta de obligarnos a estar bien. Recordar lo valioso no cancela lo que duele, del mismo modo que sentir tristeza no elimina el valor de lo vivido.
Cada persona expresa el duelo de manera diferente. No existe una única forma correcta de sentir ni un recorrido idéntico para todos, como recuerda el servicio público de salud británico, NHS.
En Wake Up, la conversación sobre la muerte con Paz Padilla y Andrés Olivares aporta una mirada desde sus experiencias personales de pérdida. La versión completa requiere acceso Buscador y permite profundizar en cómo convivir con la ausencia y acompañar a otras personas.
Gratitud sin negar lo que está pasando
La gratitud ocupa un lugar importante en la conversación, pero pierde sentido si se convierte en una obligación de encontrar algo bueno en cualquier circunstancia.
Campayo invita a reconocer momentos cotidianos que pueden pasar inadvertidos: una conversación, un paseo, la compañía de alguien o una experiencia sencilla que disfrutamos.
Prestarles atención permite ampliar la mirada. El problema puede seguir ahí, pero deja de ser lo único que vemos.
Esto no requiere fingir bienestar. Podemos agradecer una ayuda y seguir preocupados; disfrutar de un momento y continuar atravesando una pérdida. Ambas experiencias pueden existir a la vez.
Si te apetece dedicar un espacio a esta práctica, tienes disponible la meditación de la gratitud guiada por Álex Guerra, gratuita con registro Curioso. Puedes acercarte a ella sin exigirte sentir nada concreto.
Acompañar a alguien sin tener que resolver su sufrimiento
En el turno de preguntas aparece otra inquietud: cómo vivir el sufrimiento de una persona a la que queremos.
Campayo pone el foco en la presencia y la escucha. Acompañar no siempre consiste en encontrar la frase adecuada o conseguir que el otro deje de sentirse mal. A veces consiste en estar disponible, escuchar y respetar su experiencia.
La necesidad de arreglarlo todo también puede ser una forma de buscar control. Nos resulta difícil ver sufrir a alguien y queremos que el dolor desaparezca cuanto antes.
Reconocer nuestros límites no elimina el cuidado. Ayuda a ofrecer lo que sí podemos dar y a facilitar apoyo profesional cuando sea necesario.
Qué podemos aprender de la meditación y de otras tradiciones
La entrevista completa también explora la relación entre la psicología, la meditación y algunas tradiciones budistas, además de la propuesta de viaje a Tíbet con Wake Up.
Campayo aborda cuestiones como la compasión, el cambio constante y el sentido que damos a las experiencias difíciles. Son perspectivas que invitan a revisar cómo vivimos y qué esperamos de la vida.
El viaje aparece como una oportunidad de conocimiento y experiencia. El aprendizaje cotidiano también está en cómo afrontamos una decepción, escuchamos a otra persona o respondemos a nuestros propios límites.
Preguntas frecuentes sobre cómo dejar de sufrir
¿Se puede dejar de sufrir por completo?
La entrevista propone aprender a reducir el sufrimiento sin esperar una vida libre de pérdidas, tristeza o incertidumbre. Convertir la ausencia total de dolor en una exigencia puede generar una nueva frustración.
¿Aceptar significa aguantar cualquier situación?
No. Reconocer la realidad puede ser el primer paso para cambiarla, poner límites o buscar ayuda. La aceptación no obliga a permanecer en una situación dañina.
¿Por qué sigo sufriendo aunque entienda lo que me pasa?
Comprender una idea no implica que nuestra respuesta emocional cambie de inmediato. Campayo habla de práctica gradual: reconocer patrones y aprender otras formas de responder lleva tiempo.
¿Cuándo conviene pedir ayuda?
Si el malestar resulta difícil de sostener o interfiere con tu vida cotidiana, consultar con un profesional puede ayudarte a comprenderlo y abordarlo. Este artículo y la entrevista ofrecen reflexión y divulgación; no sustituyen una atención individualizada.
Mira la entrevista completa con Javier García Campayo
En la versión íntegra de Wake Up Book Sessions puedes seguir toda la conversación entre Javier García Campayo y Álex Guerra, con sus ejemplos, matices y preguntas del público.
Una entrevista para profundizar en el sufrimiento, la aceptación, las expectativas, el duelo y nuestra forma de relacionarnos con la vida.
Accede con tu cuenta premium de Wake Up para ver la entrevista completa, sin cortes.
¿Alguna vez has sentido que te falta algo?
Vivimos rodeados de personas, conectados permanentemente y con acceso a más estímulos que nunca. Sin embargo, cada vez resulta más difícil encontrar espacios de silencio, escuchar lo que ocurre dentro de nosotros o sentir una conexión real con quienes nos rodean.
En esta conversación con Elsa Punset exploramos algunas de las contradicciones de nuestra forma de vida actual y una pregunta que atraviesa todo el encuentro: ¿hemos construido un entorno para el que realmente estamos preparados?
Elsa recuerda que nuestro cerebro se desarrolló para sobrevivir en un mundo muy diferente al que habitamos hoy. Seguimos teniendo un cerebro profundamente condicionado por mecanismos de supervivencia mientras vivimos entre pantallas, ruido, prisas, productividad e impactos constantes que reclaman nuestra atención.
Durante el siglo XX aprendimos mucho sobre cómo cuidar nuestro cuerpo. Para Elsa, uno de los grandes retos del siglo XXI será aprender a cuidar también nuestra dimensión emocional, mental y espiritual.
La conversación tiene lugar en un jardín terapéutico, un entorno que sirve como punto de partida para hablar de algo mucho más amplio: nuestra relación con la naturaleza y todo aquello de lo que nos hemos ido alejando a medida que nuestra forma de vida se hacía más urbana y acelerada.
Elsa habla de una triple desconexión: de nosotros mismos, de los demás y de la naturaleza.
Nos cuesta estar en silencio porque siempre existe una pantalla, una notificación o un estímulo dispuesto a ocupar nuestra atención. Nos alejamos de las señales de nuestro propio cuerpo y tendemos a vivir cada vez más desde la cabeza. Y, al mismo tiempo, podemos encontrarnos rodeados de miles de personas y sentirnos profundamente solos.
Frente a ese ritmo, la naturaleza propone otro.
Observar, esperar, escuchar, relacionarnos, aceptar los ciclos y comprender que no todo ocurre inmediatamente. Volver a ella no significa necesariamente abandonar las ciudades o rechazar nuestra forma de vida, sino preguntarnos qué necesidades humanas hemos dejado fuera mientras construíamos entornos pensados para ser cada vez más rápidos y productivos.
También hablamos de la felicidad y de la imagen que proyectamos de ella. Del dolor como una parte inevitable de la existencia, de la presión por sentirnos bien constantemente y de una sociedad en la que muchas veces buscamos una solución externa antes de detenernos a comprender qué nos está ocurriendo.
Y hablamos del cuerpo. De esa tensión en la garganta, ese nudo en el estómago o esa sensación difícil de explicar que contiene información que muchas veces ignoramos mientras nuestra mente sigue dando vueltas.
Hablamos de la triple desconexión, de uno mismo, de los demás y de la naturaleza; de un cerebro preparado para sobrevivir en un entorno muy diferente al actual; del exceso de estímulos y pantallas y la pérdida de espacios de silencio y vida interior; de la soledad y la necesidad de pertenecer, incluso en ciudades donde vivimos rodeados de personas; de las señales del cuerpo que a menudo dejamos de escuchar; de la naturaleza como espacio de conexión, pausa y recuperación de otros ritmos; y de la resiliencia, a través de una experiencia personal de Elsa con un pequeño pájaro al que rescató y ayudó a volver a volar.
Hacia el final de la conversación aparece además una idea profundamente ligada a la filosofía de Wake Up: no podemos solucionar la vida de los demás ni decidir por ellos. Cada persona es soberana de su propia vida. Podemos compartir preguntas, experiencias y alternativas, pero cada uno debe decidir qué le sirve, qué quiere cambiar y cuál es su camino.
La naturaleza deja también una última enseñanza: su extraordinaria capacidad para volver a empezar. Después del invierno, de una tormenta o de una pérdida, la vida encuentra formas de volver a brotar.
Quizá por eso observarla también puede ayudarnos a recordar algo sobre nosotros mismos.
Una conversación sobre salud mental, bienestar emocional, naturaleza, soledad, relaciones humanas, resiliencia y nuestra forma de vivir, pero, sobre todo, una invitación a hacernos una pregunta sencilla:
¿Qué necesitamos realmente para vivir bien?
Tal vez la respuesta no esté en tener cada vez más, sino en recuperar aquello que ya estaba ahí.
Como recuerda Elsa al final de la conversación, los antiguos filósofos ya hablaban de una idea que hoy parece especialmente necesaria: la abundancia, en realidad, es tener suficiente.
¿Qué te ayuda a recuperar la conexión contigo, con los demás y con lo que te rodea?
Si esta conversación resuena contigo, en Wake Up seguimos creando espacios para hacernos preguntas, ampliar nuestra mirada y explorar otras formas de comprendernos y vivir.
No te creas lo que acabas de ver, piensa por ti mismo y despierta.
Wake Up!

