¿Y si supiéramos cómo conectar con las personas de verdad, sin máscaras?
Hay preguntas que no se hacen para ser respondidas, sino para abrir un camino. Durante un día entero de encuentro en plena naturaleza, en Arevalillo de Cega (Segovia), 30 personas que no se conocían decidieron probar algo cada vez más escaso: parar, mirarse y conectar de verdad.
Este vídeo recoge esa conversación. Una reflexión sobre cómo conectar con las personas cuando las prisas, las etiquetas y las pantallas nos empujan constantemente a la distancia.
Tres miradas, una misma conversación
El diálogo lo sostienen tres personas que llevan años acompañando procesos de transformación, cada una desde su propio proyecto:
- Olfo Bosé, fundador de Ópera, una iniciativa de permacultura empresarial que propone formas más conscientes, cooperativas y humanas de emprender, más allá de la competición.
- Rafa Puertas, fundador de Konconsciencia, espacio dedicado al progreso humano y espiritual, autor de varios libros y creador de la metodología Psicodinámica del Amor.
- Álex Guerra, fundador de Wake Up, que aporta la mirada que sostiene toda la plataforma: invitar a la reflexión por encima de dar respuestas cerradas.
Lo que ocurre cuando dejamos de mirar las pantallas y empezamos a mirarnos
Uno de los ejercicios del día fue sencillo: quedarse unos minutos frente a otra persona, en silencio, sintiendo incluso los latidos del corazón. Sin hablar. Sin justificarse.
Y algo cambió. Como cuenta uno de los protagonistas: cuando miras a alguien durante un rato, todas esas etiquetas que solo sirven para separarte —más rico, más pobre, más listo, más torpe— te das cuenta de que no existen.
Quizá la clave de cómo conectar con las personas no esté en hablar más, sino en aprender a estar presente. En mirar sin prisa. En escuchar de verdad.
La fábula del ego: el muro invisible que nos separa
En el corazón del vídeo late una historia antigua. Una tierra oscura dominada por un dragón —el Gran Separador— que hacía creer a todos que estaban aislados unos de otros. Cuanto más lo atacaban, más cabezas le crecían. Cuanto más lo insultaban, más grande se hacía.
Hasta que alguien tuvo una idea distinta: en lugar de combatirlo, le acercaron un espejo y dejaron que el sol lo iluminara. El dragón se reconoció, y al reconocerse, se transformó.
Es una alegoría del ego, ese muro invisible que levantamos sin darnos cuenta. Porque muchas veces lo que nos impide conectar no es el otro, sino las defensas que cargamos nosotros.
Tres claves para conectar de forma más auténtica
A lo largo del encuentro aparecen ideas sencillas que cualquiera puede llevarse a su día a día:
- Suelta las etiquetas. Antes de juzgar a alguien por lo que parece, recuerda que, en el fondo, todos queremos lo mismo: amar y ser amados.
- Pide por el otro. Cuando reconoces que el otro y tú no estáis tan separados, cuidar de él deja de ser un esfuerzo y se vuelve algo natural.
- Sé coherente. La conexión verdadera nace cuando lo que haces sale del corazón, no del personaje que crees que debes interpretar.
Como recuerda uno de los protagonistas citando a Krishnamurti: empieza por tu casa, porque tú eres sociedad. Aprender a conectar con quien tienes delante es, quizá, la forma más sencilla de cambiar el mundo.
Un encuentro que permanece más allá del tiempo compartido
Hay encuentros que duran unas horas y encuentros que dejan una huella que permanece. El vídeo se cierra con una idea sencilla y luminosa: estamos mucho más entrelazados de lo que imaginamos.
«Si alguien se siente solo, que se mire en los ojos de la persona que tiene delante, y verá que estamos todos muy unidos.»
Mira el vídeo completo y déjate acompañar por esta conversación sobre cómo reconectar con los demás —y contigo— nacida en plena naturaleza, entre el silencio y la palabra compartida.
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Piensa por ti mismo. Wake up.Wake Up!

